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Cómo estimular una crianza positiva

El siglo XXI nos ofrece un mundo híperestimulado, con teléfonos celulares que pasan más tiempo en las manos que en los bolsillos o bolsos, y pantallas de TV, consolas de videojuegos o computadoras que concentran la atención de una mayoría. Es la era que nos toca y por supuesto nuestros hijos no están exentos. Hoy una nota para que ese combo no erosione nuestra relación/atención con los niños.

¿Pocas horas de sueño? ¿Cansancio? ¿Falta de tiempo? Sí, seguramente eso ocurre. Es una realidad… además de ser gratificante el hecho de criar a los hijos, verlos crecer, aprender, comenzar a comer, a caminar y a hablar, también es un enorme desafío. Ni hablar de la interminable lista de consejos que recibimos de familiares, amigos ¡y hasta desconocidos! de cómo debemos educarlos. A no enojarse y a no desesperarse. Informarse y tener una comunicación fluida con nuestros compañeros de crianza como la pareja y el círculo familiar más íntimo, que también suele formar parte del desarrollo de nuestros hijos, es clave.

Como puntapié inicial, un concepto importante para estimular una crianza positiva: Siempre ser sensible y receptivo con los hijos, fundamental para desarrollar relaciones sanas.

¿Qué significa? Reconocer lo que el pequeño necesita en cada momento y brindárselo de forma efectiva, que no es lo mismo que darle todo lo que pide ¡ojo! Son cosas bien distintas.

Esta crianza sensible es especialmente importante en los bebés, ya que los vínculos emocionales fuertes se afianzan sobre todo en los primeros años de vida. Por ejemplo, atender siempre a su llanto de manera amorosa.

Dar herramientas de autonomía

Estas relaciones se denominan de “apego seguro” y ayudan a crear una base sólida en los niños que les permite manejar sus propios sentimientos y conductas y potenciar la autoconfianza. Este es uno de los puntos clave, que los padres sean buenos autorreguladores. Los chicos los están mirando y hay mucho de imitación en esta etapa. Hasta alrededor de los tres años, que comienzan a regular sus emociones, dependen del adulto para calmarse o entusiasmarse con algo. Hasta esta edad los niños son esponjas emocionales que usan de espejo las nuestras para desarrollar su inteligencia emocional

La forma de relacionarse de sus hijos con otros niños va a estar fuertemente vinculada a esa base construida en casa, y además potencia la capacidad de los pequeños para lidiar con problemas sociales o económicos que pueda generar inestabilidad familiar. Incluso en determinadas ocasiones ¡que el niño tome la delantera! Sin demasiadas directivas, hay que dejarlo que lidere un juego y cuidar que se valore su opinión y necesidad.

Límites y libertades en equilibro

Comenzamos advirtiendo sobre la invasión de los dispositivos tecnológicos porque numerosos expertos están descubriendo sus posibles efectos sobre el desarrollo del lenguaje de los niños y su interacción social. La disponibilidad de los padres en forma irregular puede generar una angustia en los pequeños. Atención plena a nuestros chicos en el rato que les podemos dedicar debería ser una premisa por cumplir. Y también tenemos que poner límites cuando son ellos los que los usan.

Un punto importante, aunque parezca obvio, es asegurarse el amor mutuo padres e hijos, que los chicos se sientan valorados y cuidados ¡y sobre todo en momentos donde pueda haber berrinches! Si hay continuidad entre el niño irritado y el padre irritado o agresivo, esas conductas pueden entrar en un ciclo que las intensifique. No lo permitamos. Y no nos permitamos caer en ese mismo derrotero.

Y, para finalizar, tampoco abusemos de la sobreprotección. Está claro que por momentos se torna inevitable, con los miedos lógicos, pero si los protegemos incluso de situaciones que no se justifican, condicionamos su capacidad de desarrollar habilidades para enfrentar circunstancias adversas futuras.

En síntesis, intentemos ser mamis y papis sensibles y receptivos y comunicados entre sí, consensuando estos puntos para que haya una homogeneidad en el mensaje. Que haya una enseñanza que potencie el autocontrol de los niños sobre sus necesidades y emociones. Esto va a ayudar a limitar y prevenir conductas problemáticas, tanto dentro como fuera de casa, además de afianzar una relación positiva entre padres e hijos.

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