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Cómo hacer una casa segura para nuestros hijos

En esta nota, te damos los recursos que necesitás para mejorar los “puntos débiles” de tu casa y estar preparada para una eventualidad.

Tan solo basta una mirada a nuestra casa con ojo atento. Seguramente vamos a encontrar lugares y objetos que pueden ser peligrosos para nuestros hijos: cables, puntas, muebles, enchufes. No hay que enloquecerse ni entrar en paranoia, pero es hora de dejar de pensar y pasar a la ¡acción!

Antes que nada, no sobra recordarles que la principal causa de mortalidad en niños y adolescentes son los accidentes. Ahogos, atragantamientos, electrocución, caídas, etc.: la gran mayoría ocurre en casa por circunstancias completamente evitables o prevenibles. Mas allá de la prevención de accidentes, es fundamental tener bien claro los protocolos que deben seguir si se presenta un infortunio.

En principio, definir los números de emergencia y que estén bien a mano. Tanto en el block al costado de un teléfono fijo como pegados en la heladera o en objetos del niño de uso diario. Deben agendarse no solo del adulto responsable, sino además el del centro de emergencias que cuente nuestra zona, pediatra y sanatorio al cual debe ser derivado en caso de urgencias. En la agenda del celular, se puede configurar un número de emergencia, al que se accede con dos o tres dígitos, dependiendo marca y modelo. Es decir, la ayuda debe estar muy accesible si es que la necesitamos.

Luego, es importante tener un botiquín con los elementos completos, sin productos vencidos ni faltantes. Y como decimos siempre, saber primeros auxilios y Reanimación cardiopulmonar (RPC) salva vidas. Para los más chiquitos, lo más importante es adaptar la casa o departamento para las caídas. Escaleras y balcones deben tener la protección adecuada. Fijas o removibles son indispensables durante la primera infancia del niño. En balcones es obligatorio colocar una red que quita el riesgo ante trepadores intrépidos. Y en piletas: si es de lona se debe usar la red que se adapte a esta o el perímetro si es de material.

Los ambientes deben estar lo más libre posible de objetos y las puntas de mesas, mesadas, mesitas de luz, con esquineros comprados o caseros que quiten la agudeza de puntas y filos. Recordá que la ingesta de pequeños objetos suele ser causa de atragantamientos. Si podés evitarlos, mejor y, si no, mantenelos ordenados o lejos del pequeño/a.

Si tu instalación eléctrica está en regla, no tendrás problema con los enchufes de tres ranuras que no dejan que ningún dedo, incluso el más pequeño, llegue a tener contacto con el flujo eléctrico. Pero no todas las casas los tienen y muchas siguen con los antiguos enchufes de dos patas. Esos sí necesitan taparse, con un falso enchufe plástico que se pone fácil y se saca con una pequeña llave (disponible en cualquier ferretería o casa eléctrica).

Si hablamos de riesgos para los chicos, las sustancias tóxicas rankean alto. Ese aguarrás viejo, la lavandina en la cocina, alcohol de quemar o un sinfín de líquidos pueden producir intoxicaciones agudas en chicos y adultos. Para prevenir, en esta área, lo mejor es la organización. Hay que saber bien qué tiene cada botella, rotularlas, cerrar bien las tapas (incluso hay muchos que vienen con tapa de seguridad, que se debe presionar y girar para que abra) y dejá ese conjunto de productos tóxicos bajo llave o en estantes elevados.

Tener muy presente y evitar utilizar botellas de uso diario como aquellas de aguas saborizadas o jugos que suelen confundirse con los colores estridentes de algunos productos de limpieza. No olvidar sacar los rótulos previos también. El mismo principio vale para la caja de herramientas. Las pinzas, destornilladores o las herramientas eléctricas, son muy atractivas como juguete para un chico. Por eso, que no estén accesibles es importante para la seguridad. Ya con chicos más grandes, la supervisión de un adulto es la solución.

Como dijimos en el comienzo, hay un conjunto de productos y servicios que se adaptan muy bien a la mirada atenta de un padre buscando hacer de su casa un lugar seguro. Todo eso ayuda, pero nada supera el sentido común y cariñoso de unos padres atentos.

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