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Deportes y ejercicios para los chicos, un incentivo indispensable

¿A qué edad comenzar con la práctica deportiva? ¿Qué ejercicios puedo pensar para que mi bebé vaya afinando movimientos? Son preguntas valiosas que nos hacemos los padres a partir del momento que los pequeños ya caminan y manipulan juegos de encastre para ajustar la motricidad fina. Y de más grande, ¿qué conviene? Vamos a detallar consejos y recomendaciones para todas las etapas.

Las actividades físicas son indispensables para desarrollo del cuerpo y también mental, pero hay que tratar de introducirlas en la vida de los niños de manera paulatina y atendiendo a sus motivaciones. Claro que con 3 o 4 años no están en totales condiciones de “elegir” a conciencia, pero sí podemos prestar atención a qué los hace feliz, pateando una pelota o metiéndose en una pileta.

Es importante que el deporte infantil cumpla con algunas características como, por ejemplo, que no ponga en riesgo su salud, que sea algo que el niño disfrute y no una imposición, y que, dentro de lo posible, haga mover todos los musculitos del cuerpo.

Vamos por partes.

En la etapa preescolar es mejor empezar con actividades predeportivas que estén orientadas al movimiento del cuerpo en general, con el objetivo de estimular el equilibro, la motricidad y la coordinación. Es un momento de generar herramientas y plasticidad motora para el o los deportes que se desarrollen posteriormente.

Funcionan muy bien ejercicios tales como imitar a un animalito, saltar como una rana, jugar a las escondidas o bailar al ritmo de una música. Debe ser algo no muy estructurado y con una motivación netamente lúdica. No estamos “haciendo ejercicio”, sino jugando.

¿Qué pasa después, ya a los 5 o 6 años? Empiezan primer grado, la socialización que hubo en el jardín se profundiza con la institucionalización escolar y ¡aparece el momento del recreo! Una formalidad en el colegio, pero lleva la carga de la liberación donde casi no queda otra cosa que hacer más que ¡correr!

Ahora ¿se elige un deporte, varios? ¿Qué conviene? Como anticipamos, la atención debe estar puesta en los intereses de los pequeños, pero también intentar que se varíen las prácticas deportivas. Que patee pelotas, que las manipule con la mano, que salte, se ensucie, que se familiarice desde chico con el agua. Si aun no manifiesta ningún interés en particular ya habrá tiempo para hacer foco en alguna práctica específica.

Es una etapa en la que los especialistas recomiendan que los niños vayan cambiando de deportes y recién después de los 10 años especializarse, ¡si es que quieren, claro! La diversidad garantiza abrir la cabeza y potencia la inteligencia motora en la adquisición de movimientos de todo tipo.

Natación, atletismo, baile, fútbol, básquet, entre otros, son buenos ejemplos en los que el cuerpo se mueve de manera asimétrica, es decir, no tiene una lógica repetitiva ¡y eso es beneficioso para los niños!

Y obvio, el deporte, el compartir y ser parte de un equipo traen otros dividendos interesantes: la integración en un grupo, la solidaridad con sus pares, ¡perder y ganar como algo natural! y que se desarrolle una buena tolerancia a la frustración que pueda aparecer, como también potenciar la capacidad de perseverancia.

Por último, no todo es deporte y una buena complementación del movimiento del cuerpo es la música y la ejecución de un instrumento, que no solo ayuda a la motricidad fina, sino también a mover el “músculo cerebral”. Miremos a nuestros hijos, con qué juguetes se enganchan, qué los emociona, con qué actividades sonríen: ahí está la mejor guía para ayudarlos a mover el esqueleto de manera divertida y sin imposicione

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