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Directivas alimentarias de los padres: la clave de la que se alimentan nuestros hijos

“Si te calmás, te compro un chupetín”, “No grites más, tomá una alfajor”, “Estoy angustiada, me tomé un helado y me sentí mejor”, “Abrí el paquete de papas fritas y no paré hasta terminarlo”, “Si no te comés todo, no hay postre”, “Terminate todo lo que tenés en el plato”: es habitual que como padre les digamos estas cosas a nuestros hijos o nos escuchen referirnos a lo que comemos y por qué lo comemos. Pero ¡atención!, frases como estas pueden perjudicar la salud alimentaria de nuestros hijos.

 

 

 

 

Los padres tenemos que ser conscientes de que la manera en la que dirigimos lo que comen nuestros hijos influirá en las prácticas alimentarias que tengan en el futuro. No pasa solo por predicar con el ejemplo, sino que hay que tener especial cuidado en cómo se les transmite a los chicos qué, cómo y cuándo comer. Y, aunque parezca raro, también hay que estar muy atentos a por qué y cuánto comen.

 

Existe una preocupación por lo que se conoce como la “alimentación emocional” que practican tanto padres como niños. La alimentación emocional se puede definir como comer en respuesta a una variedad de emociones negativas como la ansiedad, la depresión, la ira y la soledad para sobrellevar el afecto negativo. El problema es que tanto en adultos como en niños y adolescentes, comer emocionalmente se relaciona con el sobrepeso, la obesidad y con un exceso de consumo de alimentos dulces y/o snacks.

 

Y otro de los focos de atención está puesto en los padres que no respetan la cantidad de comida que los chicos expresan querer comer. Los padres no deben forzar la cantidad de comida que ingieren sus hijos.

 

Si bien hay que aclarar que las conductas alimentarias de los niños son muy complejas y están conformadas por múltiples factores, numerosos estudios coinciden en que las directivas de alimentación de los padres y cómo administran la comida a sus hijos tienen un impacto en el desarrollo de sus conductas alimentarias. Cuando los padres utilizan los alimentos como herramientas emocionales, como premios o castigos, los chicos pueden aprender a usar los alimentos para aliviar o distraer las emociones negativas.

 

La alimentación emocional se puede observar en chicos de tan solo 5 años y la exposición a directivas de alimentación parental controladoras o extorsivas puede exacerbar la tendencia a comer en exceso y/o emocionalmente. Obligar los chicos a terminar lo que tienen en sus platos, puede predecir comportamientos alimentarios no saludables o directamente trastornos alimentarios, porque se cree que socavan la capacidad de los chicos para regular su hambre y su saciedad.

 

Una buena medida es darles libertad a los chicos de elegir dentro de ciertas opciones. Nadie dice que coman a cualquier hora o cualquier cosa, pero en la medida en que los padres habilitan al niño a tomar algunas decisiones relacionadas con los alimentos que consumen, se registra una mayor cantidad de alimentos saludables entre los elegidos por los chicos.

 

El qué, el cómo y sobre todo el cuándo comer es potestad de los padres, pero en el cuánto tiene que haber participación de los chicos. Y hay que tener especial cuidado con el por qué, en el sentido de no manipular a los niños con los alimentos y dejar de usarlos como herramientas de premio o castigo o para “entretenerlos” cuando están aburridos o “calmarlos” cuando están angustiados. Por todas estas razones, educar a los padres sobre el impacto potencial de las directivas de alimentación que imparten a sus hijos puede ser importante para mejorar la forma en la que se alimentarán los niños en el futuro.

 

Porque cada padre debe ser consciente, no solo de que comer variado, saludable y de manera medida es el mejor ejemplo, sino también de la importancia que tienen el tiempo que se comparte con ellos en la mesa y las directivas que se les dan a los chicos para que aprendan a tener una alimentación saludable.

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