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Acné juvenil: la nutrición es clave

Ocho de cada diez jóvenes padecen está afección tan difícil de controlar y evitar. La gran noticia es que con un abordaje adecuado y una alimentación acorde se puede moderar y hasta incluso alcanzar una piel visiblemente mejor.

La presión social, con publicidades antiacné de jabones, lociones y cremitas que invaden pantallas de TV y redes, a veces se torna insostenible para los chicos en plena revolución hormonal de la pubertad. El discurso mediático les grita en la cara: ¡no hay que tener granitos! Y en el caso de las chicas, los ciclos menstruales también predisponen a la aparición del acné.

Lo más importante para tener en cuenta para mejorar la tolerancia a la frustración que estos producen, es que el acné es tan común que se considera como parte del desarrollo desde la niñez hasta la vida adulta, teniendo como pico de incidencia el tránsito de la preadolescencia a la adolescencia. Justo un momento en el que la construcción de la identidad se encuentra en conflicto y un grano, sí, sólo un grano, puede convertirse en un drama para la autoestima de nuestros hijos.

¿Qué es el acné?

Es una afección de la piel que se presenta como diferentes tipos de protuberancias. Pueden manifestarse como puntos blancos, puntos negros, protuberancias rojas (granos) y protuberancias que contienen pus (llamadas pústulas). Del mismo modo que el acné se presenta en diferentes formatos, también los motivos por los cuales aparece y se instala en la piel pueden ser multicausales.

Desde antaño se culpó al chocolate y a determinadas comidas con grasas que predispondrían a la piel a la aparición de protuberancias no deseadas. Es cierto que una alimentación equilibrada aumenta las posibilidades de mejorar cómo se ve la piel, pero hay que tener en cuenta que la aparición de esta afección tiene un fuerte origen genético; existen pieles más proclives y otras menos proclives a la permanencia o aparición del acné.

Por este motivo, siempre es fundamental mantener una piel tratada bajo la supervisión y acompañamiento de un dermatólogo, que indique el tratamiento y la dieta acorde para cada paciente. El mantenimiento y la higiene del cutis obviamente complementan una mejor evolución de esta condición. Por ejemplo, es necesario limpiar la piel todos los días antes de ir a dormir. Los residuos de smog, polvo y maquillaje inciden en la obstrucción de los poros durante la noche.

A no desesperarse, que hay múltiples formas de prevenirlo y otros tantos tratamientos para curarlo.

Sí, se puede prevenir

Primero, no tocar los granitos con los dedos. Además de potenciar la posibilidad de una infección, explotar alguna que otra protuberancia puede dejar secuelas y marcas en la cara.

Segundo, lavarse cara y manos una o dos veces al día con agua tibia y jabón suave.

También, ya mencionado, siempre sacarse el maquillaje antes de irse a dormir.

Y, por último, siempre hacer la consulta con el dermatólogo.

En síntesis, una alimentación responsable con más frutas y verduras, mucha agua y menos productos procesados, altos en grasas, fomenta la hidratación y una mejor calidad de la piel. Pero tampoco metamos mucha presión a los hijos con la comida cuando el acné es, mayormente, de origen genético que determina el sebo o grasitud de la piel.

Hay que saber que ¡el acné se puede tratar! A veces el especialista demora en “dar en la tecla” con la medicación y en esos casos es importante mantener la constancia y no dejar de ir a las consultas, e insistir hasta encontrar el tratamiento adecuado. El acompañamiento de los padres es clave.

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