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¿Es saludable que los niños consuman edulcorantes?

Los azúcares son siempre un tema de polémica en la alimentación, y mucho más en Argentina. Además de ser uno de los consumidores récord de azúcar de la región, nuestro país está segundo en obesidad en menores de cinco años, con cifras cercanas al 10 por ciento, y se estima que uno de cada tres niños y niñas en edad escolar padecen sobrepeso u obesidad, según UNICEF y la Secretaría de Salud.

¿Hay posibilidades de revertir esta situación? La respuesta es ¡sí! ¿Pueden los edulcorantes ser un principio de solución? Veremos, pero antes expliquemos cómo se clasifican.

Hay distintos tipos de endulzantes y son bien distintos entre sí.

La glucosa (el azúcar que produce nuestro cuerpo a partir de la alimentación) es el principal alimento del cerebro y es una fuente muy importante de combustible para todo el cuerpo, pero es importante señalar que no hay necesidad de añadir azúcar a la dieta porque el propio cuerpo puede generarla al descomponer las moléculas de alimentos, como los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas.

Algunos azúcares podemos encontrarlos naturalmente en los alimentos, como es el caso de las frutas, verduras y la leche. Se trata de los naturales y son saludables ya que, por ejemplo, con una naranja se reciben también gran cantidad de nutrientes y fibra.

Por otro lado, están los azúcares añadidos con grasas saturadas o trans, presentes en los alimentos procesados. Los podemos encontrar en galletitas o también en alimentos de origen animal, como productos de origen lácteo. Este es el ítem para prestar atención y el que su consumo en exceso puede generar problemas.

¿Qué problemas? Si siempre se eligen alimentos cargados de este tipo azúcar en lugar de otros alimentos más nutritivos, se pierden la oportunidad de consumir vitaminas y minerales. Y al ser fuente de grasas saturadas y trans, aumentan los niveles de colesterol total en sangre, que incrementa el riesgo de contraer enfermedades metabólicas y cardiovasculares en el futuro.

Moderar el consumo

Como se explicó, los azúcares como la fructosa, lactosa y glucosa son necesarios para la energía diaria, pero no debería superar el 10% del total consumido en el día. Para dar una referencia, en un niño de 10 o 12 años que se toma una gaseosa o jugo industrial, ya habrá superado el tope, ya que estas bebidas contienen entre 12 y 15 cucharaditas de azúcar, tamaño de té equivalentes a un 15% del consumo diario de calorías.

Aquí puede ingresar el interrogante sobre si los edulcorantes pueden ayudar, y los organismos internacionales reguladores como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) o la propia OMS (Organización Mundial de la Salud) están completamente a favor de su uso siempre y cuando no superen una Ingesta Diaria Admisible (IDA), asegurando que no haya ningún riesgo para la salud.

En detalle, estamos hablando de edulcorantes no calóricos como el ciclamato, sacarina aspartame, que endulza 200 veces más que el azúcar o stevia, entre otros.

Diversos estudios demostraron que no son cancerígenos y, si bien está desaconsejado el consumo para niños menores de tres años, se pueden utilizar los edulcorantes en casos de sobrepeso u obesidad bajo control del nutricionista o pediatra. Es por ello que su “prohibición” es relativa si tomamos en cuenta que las bebidas gaseosas o jugos envasados contienen altísimos niveles de azúcar añadida.

¿Qué dicen los estudios científicos sobre los edulcorantes artificiales? Fue debatido durante años (y continúa) y la realidad es que no se comprobó que aquellos productos autorizados en los Estados Unido causen cáncer u otros problemas graves de salud.

Frená el azúcar. Lo que no está en debate son las gravísimas consecuencias sobre la salud que representa el consumo excesivo de azúcar por lo que el debate muchas veces se centra en función del menor daño posible y, al no existir evidencia contundente sobre el mal que pueden llegar a producir los endulzantes no calóricos, la balanza se inclina hacia ellos antes que el azúcar común o la miel.

Sin embargo, ¿pueden ayudar a perder peso? La evidencia es mixta. Algunos sugieren que en el corto plazo puede funcionar, pero en el largo la cuestión se torna difusa y en algún punto incierta.

Esto se ve principalmente en el tema de las bebidas, y es por ello que es preferible prevenir la aparición del sobrepeso y tenerlos en cuenta antes de que el niño engorde, ya que el mundo que lo rodea está plagado de ofertas alimentarias cargadas de azúcar y grasas. Mejor iniciarlos en el mundo de lo natural, light o cero azúcar antes de que sea tarde y el consumo dulce en exceso se convierta en un hábito.

Ante este interrogante, la respuesta contundente es: las frutas, vegetales o leche, que contienen azúcares naturales como fructosa, sacarosa o lactosa, son la mejor alternativa para endulzar y energizar. Comer balanceado y responsablemente es más nutritivo y hace funcionar mejor el cuerpo.

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