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Insistir y ser creativo, las claves para que los chicos coman vegetales:

El “universo vegetal” aporta, entre otras cosas, nutrientes determinantes en el desarrollo cerebral de ahí la importancia de que tus hijos consuman estos alimentos. ¿No se te ocurre cómo? Acá algunas ideas del Dr. Cormillot.

 

 

 

 

Uno de cada cuatro chicos menores de seis años no consume una sola porción de vegetales en todo el día y, de los que lo hacen, algunos solo comen papas fritas o tomate en forma de salsa. Esto es particularmente sensible porque es en esta etapa de la vida en la que los chicos incorporan nutrientes imprescindibles para su crecimiento, se definen sus patrones alimentarios y se sientan las bases para la alimentación en etapas posteriores de la vida.

Cuando los bebés comienzan a incorporar los sólidos, los pediatras suelen recomendar que se les administre “la mayor variedad posible” de alimentos. Pero muchas veces, este consejo resulta demasiado general. Por eso, una de las premisas más importante es tratar de sumar alimentos ricos en hierro, ya sea de manera natural o fortificados. La carne roja, las legumbres, las verduras de hoja verde y los alimentos fortificados artificialmente con hierro como yogures o cereales deberían estar entre las prioridades de la dieta de los más pequeños. Y es importante aprovechar esta etapa en la que los chicos tienden a ser permeables ante la palatibilidad y nuevos sabores.

En general, los chicos comienzan a ponerse selectivos con la comida a partir de los tres años. Desde esa edad, es común que los chicos se resistan a ese ingrediente “verde” que está en su plato o a decir que algo no les gusta sin siquiera probarlo. Es común que los padres sucumban y recurran a la pizza, las patitas o las pastas, pero es importante insistir y no abandonar la lucha por una dieta balanceada para nuestros hijos. Numerosos estudios demuestran que puede demandar entre seis y ocho veces que un chico acepte un nuevo alimento. Por eso es imprescindible no rendirse. ¡Atención!: nada de armar batallas campales, amenazarlos o premiarlos con un dulce si se comen ese buñuelo de espinaca que les pusiste en el plato.

Existe una explicación para este fenómeno antivegetal. Lamentablemente, los vegetales son interpretados de manera innata por el cerebro de los chicos como peligrosos. La neurociencia demostró que los colores de las verduras y su sabor son asociados con sustancias tóxicas y por eso los chicos los rechazan. Solo basta observar cuales con las ranas más venenosas y sus brillantes colores para caer en la cuenta. Es por ese motivo que los chicos tienen que probar muchas veces un vegetal hasta que el cerebro corrobore que no es venenoso.

Hay que ser creativos. Una gran aliada para incluir verduras en las dietas de los chicos es la imaginación: cortarlas con formas divertidas, combinarlas con alimentos que sabemos que les gustan, “disfrazarlas” mezclándolas con otros ingredientes apetitosos y condimentarlas son esfuerzos más que legítimos. Puré de papa mezclado con alimentos coloridos como zanahoria o remolacha: puede resultar divertido intentar imitar los colores de algún cuadro de futbol. Las croquetas aun fritas son una excelente opción para abrir las puertas a este mundo de alimentos saludables. Hamburguesas caseras pueden ser un excelente vehículo para introducir cebolla, perejil y otras verduras. También se puede recurrir a mezclar verduras de hoja cocidas como la espinaca o la acelga con una rica salsa banca y queso o con ricota y nuez moscada adentro de un canelón.

El choclo es una verdura con muchísimos nutrientes (¡y mucha fibra!) y que suele gustarles rápidamente a los chicos. Es divertido comerlo entero y con la mano (cosa que además contribuirá a desarrollar su dentadura y su capacidad masticatoria) y también puede desgranarse para incluirlo en ensaladas, purés o sopas y allí oficiará de “carnada” para que coman otros vegetales.

Finalmente, vale condimentar ensaladas con mayonesa light, aceite de oliva o condimentos varios (siempre en cantidades moderadas) para garantizar que a los chicos les guste “esa cosa verde” que les pusimos en el plato.

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