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La ventajas de una lectura temprana

Leerle a nuestros hijos en su primera infancia ¿puede ayudarlos con el aprendizaje formal que tendrán en la escuela? Definitivamente sí. Una lectura temprana favorece la incorporación del lenguaje, establece buenas bases para una posterior lectura independiente y además previene problemas que pueden tornarse de más difícil resolución si son detectados años después.

Los estudios demuestran que los niños que cuentan con una exposición activa al lenguaje tienen ventajas sociales y educativas con respecto a sus pares, y la lectura es una de las mejores formas de exposición al lenguaje. Así que, a buscar lindos cuentos e historias o sino ¡a dejar volar la imaginación!

Desde que los chicos comienzan a hablar es buen momento para iniciarlos en la magia de las historias. El relato ayuda a nuestros hijos e hijas, desde que son muy chiquitos, a organizar su discurso y a incorporar palabras. Y como ellos todavía no saben leer, que mejor es que seamos nosotros, sus padres, quienes los invitemos a introducirse en el maravilloso mundo de los cuentos y la fantasía. 

¡Ojo! Se trata de leerles a los chicos pero no necesariamente que aprendan a leer por su cuenta o a escribir. No estamos buscando que se convierta en una situación de exigencia sino una actividad lúdica que estimule a los pequeños.

Antes de que efectivamente aprendan las habilidades que incorporarán escolarizados, esta bueno que los niños puedan contar con un amplio vocabulario y comprendan las palabras, conozcan las letras del alfabeto y tengan una idea de cómo utilizarlas. La lectura temprana potencia esas habilidades.

¿Qué temáticas pueden ayudar a los chicos en la transición infancia-niñez?

Unicef explica que durante los primeros años de vida, y en particular desde el embarazo hasta los 3 años, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente y lo resume en “comer, jugar, amar”. Esta combinación de lo innato y lo adquirido establece las bases para el futuro del niño.

Más del 80% del cerebro del bebé se forma antes de los tres años, por lo que aquello que nosotros hagamos en esa etapa, perdura. Puede ser de gran ayuda que escuchen historias sobre otros niños y cómo superaron miedos tales como ¿qué hay debajo de la cama? O cómo hicieron frente al enorme desafío de usar el baño solitos.

¿En qué momento encontrar estos espacios?

Muchas veces puede resultar difícil dedicar un tiempo de lectura en el contexto en el que vivimos. Y claro, las preocupaciones y ocupaciones de los padres ponen la atención en fijar rutinas sobre la alimentación, el baño o el descanso del niño, y se hace mas dificil encontrar un hueco para otros aspectos.

Pero ¡alertas! Que esos espacios de estimulación son tan importantes como la alimentación. Así que llegó el momento de sumar a la “hora de comer”, la “hora de bañarse” y la “hora de dormir, la “hora de leer”. Los espacios de lectura pueden convertirse en un momento de recreación, diversión y conversación con nuestros hijos, y si ese espacio los construimos desde chiquitos lograremos que la lectura se convierta en un hábito.

La lectura antes de dormir es una gran opción, de hecho la más común, pero también pueden buscarse otros momentos. Es común que los chicos se dispersen, a no frustarse. No es necesario pensar la lectura como un momento que sólo se puede hacerse sentados y concentrados.

¿Qué hacer? ¡Creatividad! Cambiar la voz según el personaje del cuento, hablar sobre las imágenes que ven en el libro o utilizar muñecos para recrear la historia. Sino, durante la hora de bañar, mientras caminamos de un lugar a otro o un recurso que nunca falla: tener encima uno o dos libritos y poder recurrir a ellos durante un viaje en transporte público o un espacio fuera de casa. Si no tienen la costumbre ¡bienvenidos! Se sorprenderán de lo divertido de compartir historias con sus hijos.

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