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Niños cansados, ¿se están alimentando bien?

Desde hace un tiempo, muchas mamás concurren a la consulta con el pediatra porque detectan en sus hijos signos como falta de concentración, decaimiento y bajo rendimiento escolar. Estas son señales que pueden estar relacionadas a una mala alimentación.

 

De acuerdo con la definición brindada por la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO, según sus siglas en inglés), la desnutrición encubierta es aquella que se origina en dietas que aportan cantidades insuficientes de vitaminas A y C y minerales como hierro, yodo, zinc, ácido fólico y selenio. Los cálculos de los principales organismos indican que en el mundo la padecen alrededor de dos mil millones de personas. Los principales signos de esta condición son retraso del desarrollo psicomotor, retraso madurativo y de crecimiento y aumento de la posibilidad de contraer infecciones.

Síntomas más visibles. Por lo general, la malnutrición se refleja en decaimiento, bajo rendimiento escolar y descenso en el nivel de concentración, entre otros. En la Argentina, más de la mitad de los niños presenta alguno de estos síntomas. Este es un punto destacado de la cuestión y será un especialista quien deberá orientar a los papás para que procuren incorporar vegetales, frutas e incluso alimentos fortificados a la dieta de sus hijos.

Datos oficiales aseguran que 1 de cada 4 niños en edad escolar y 1 de cada 3 menores de 2 años tienen déficit de hierro o anemia, además de carencia de otros micronutrientes, como vitaminas A y C, zinc y ácido fólico. Es importante aclarar que la desnutrición encubierta puede encontrarse en todas las clases sociales y no tiene que ver exclusivamente con el bajo peso. Por el contrario, es posible encontrar niños que presenten esta condición y que a la vez estén por encima de su peso ideal.

Comer de todo un poco. Es fundamental que los chicos sumen a su alimentación habitual más frutas, verduras, lácteos y legumbres. También deben ingerir menos carne, lácteos duros, fritos, manteca, gaseosas, jugos y golosinas. Entre los alimentos que deben formar parte de la dieta de los más chicos, el hierro cumple un papel fundamental.

Está presente tanto en las carnes rojas como en el pollo, el pescado, las verduras y en la leche materna. El hierro disminuye la posibilidad de padecer anemia, una condición que entre los 6 y los 24 meses de edad produce trastornos irreversibles, debido a que se trata de una etapa en la que el cerebro crece muy rápido y se desarrollan las principales habilidades cognitivas y motoras.

El zinc, que se encuentra en la carne de vaca, de aves de corral, en los mariscos, el queso y el pescado y en los alimentos fortificados, colabora en la formación de defensas que pueden prevenir la aparición de condiciones como la neumonía, la diarrea, la anorexia y la dermatitis.

Por último, también es importante la incorporación de alimentos que contengan vitamina C, entre ellos, las frutas y vegetales ácidos y frescos; y aquellos que provean yodo, mineral que se encuentra principalmente en los pescados de mar, en los mariscos y en determinadas frutas y verduras.

Frente a la problemática de la nutrición, es importante que los papás desarrollen estrategias para incentivar a los chicos a incluir los alimentos más convenientes. ¿Cómo? Invitándolos a participar en la selección y preparación de diferentes recetas, podemos mejorar la predisposición de los niños a ciertos alimentos.

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