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S.O.S. para padres: vacaciones de verano


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Dos meses puede parecer poco tiempo en la vida de una persona, pero, si se piensa en 60 días o 1440 horas o 86400 minutos de “mamá, me aburro” o “papá, ¿qué hacemos hoy?”, dos meses pueden ser eternos. Las vacaciones de verano son un desafío de paciencia e imaginación para padres e hijos.

Si tenemos suerte de contar con recursos económicos, podemos programar salidas, espectáculos, visitas a clubes, piletas, colonias de vacaciones y hasta salir de viaje. Pero aún cuando podamos armar una agenda cargada de cosas interesantes para nuestros hijos, no es posible encontrarles programas fascinantes para las 24 horas del día, especialmente si los padres trabajan durante el verano.

Los chicos están de vacaciones y los papis no: esto es algo que nuestros hijos tienen que entender. Y estar de vacaciones no significa que les vamos a organizar millones de programas. Ni el presupuesto ni la capacidad de organización son infinitos. Tanto ellos como nosotros debemos perderle miedo al tan temido “me aburro” de los chicos.

No es tan malo que los chicos se aburran. Si logramos resistir los primeros 15 minutos de pataleos y quejas, descubriremos que pueden encontrar la manera de entretenerse y hasta de pasarla bomba. Nunca lo van a reconocer, pero ellos también descubrirán que pueden pasarla bien sin grandes programas.

Ciudades enteras montadas con ladrillos plásticos, batallas entre dinosaurios y autitos, complejos habitacionales para muñecos con conflictos de todo tipo y color y obras de arte que alcanzan ropa, sillones y paredes son solo algunos de los resultados a los que los chicos pueden llegar si logran sobreponerse al “me aburro” y ponen en uso los muchos juguetes de los que disponen.

A partir de que ya saben leer, la lectura también es una gran opción para los tiempos de ocio y, si no tienen el hábito muy incorporado, podemos llevarlos de paseo a la librería para que un vendedor los asesore sobre qué libros pueden leer según sus gustos y su edad.

Muchas veces escuchamos que a los chicos hay que motivarlos. Atención con esto: la motivación es una fuerza interna de cada individuo. Tenemos que entender que motivarse es algo así como entrar en un proceso de inspiración, de desarrollo de la imaginación y que, si tenemos suerte, puede llevar a la creación. Por eso no es recomendable que siempre seamos nosotros, los padres, los que les digamos qué tienen que hacer cuando están aburridos. En esos momentos habrá manipulación y no motivación. En todo caso podemos ofrecerles preguntas que los ayuden a encontrar con qué se sienten motivados como : “¿qué te gustaría hacer?” o “¿qué te haría divertirte?

Vacaciones y pantallas: hoy en día, desde muy temprana edad, los chicos hacen uso (y a veces abuso) de las pantallas: TV, tablet, play station y celular. Y, si durante el año logramos a duras penas establecer pautas y horarios de uso, en las vacaciones todo intento de poner límites puede desmoronarse. Es importante que les expliquemos a los chicos que el hecho de estar de vacaciones no implica que vayan a tener carta blanca para usar pantallas todo lo que quieran. Una buena manera de establecer pautas es poner horarios de uso y garantizar que se cumplan. Si son un poco más grandes podemos darles a elegir en qué momento del día prefieren usarlas, pero siempre teniendo en cuenta que no será a libre demanda.

Otra buena manera de encarar el uso de las pantallas es el de aprovecharlas para hacer algo divertido: enseñarles a buscar recetas de cosas ricas para cocinar en familia, tutoriales de experimentos (que no sean peligrosos, claro), clases de baile, etc.     

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